En la vibrante ciudad de Madrid, dos amigos inseparables, Sergio y Daniel, eran conocidos por su amor por los desafíos y las apuestas descabelladas. Siempre en busca de emociones fuertes, una noche llevaron su espíritu competitivo a un nivel completamente nuevo.
Todo comenzó en una lujosa terraza en el centro de la ciudad, donde conversaban sobre coches y velocidad. Daniel, un amante de los deportivos, aseguraba que su Porsche 911 podía vencer a cualquier coche de Sergio en una carrera callejera. Sergio, orgulloso de su flamante Mercedes-AMG, no pudo resistirse al reto. Entre copas y risas, la conversación escaló rápidamente hasta que Daniel lanzó una apuesta imposible de ignorar:
—Si pierdes, quemas tu Mercedes.
Sergio, confiado en su destreza al volante, aceptó sin dudarlo. Al día siguiente, se reunieron en una carretera apartada a las afueras de Madrid para la carrera. Con un grupo de amigos como testigos y los motores rugiendo, la adrenalina estaba al máximo.
La carrera comenzó. Durante los primeros metros, el Mercedes de Sergio dominaba, pero en la recta final, el Porsche de Daniel aceleró con fuerza y cruzó la meta primero por apenas unos metros. Sergio no podía creerlo: había perdido.
Los amigos se rieron y bromearon, pero Daniel le recordó la apuesta. Aunque Sergio intentó negociar, al final, mantuvo su palabra. En un descampado a las afueras, roció su querido Mercedes con gasolina y, con un suspiro, prendió un fósforo. En segundos, el lujoso coche quedó envuelto en llamas, iluminando la noche mientras todos grababan incrédulos la escena.
El video se volvió viral en redes sociales y atrajo la atención de la policía. Sergio tuvo que enfrentarse a una multa considerable por incendio ilegal, además de perder su coche. Pero a pesar de todo, cada vez que alguien le mencionaba aquella noche, él solo podía sonreír y decir:
—Al menos ahora tengo una historia que contar.
Fuente – https://www.elmundo.es/f5/2020/10/27/5f980afbfc6c83c32b8b45bc.html